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La música como lenguaje
La música como lenguaje
Escuchamos una melodía y, casi inmediatamente, percibimos algo más que sonidos aislados. Algunas notas parecen conducir hacia otras; determinados acontecimientos adquieren mayor importancia, otros funcionan como transición y ciertas relaciones permanecen en nuestra memoria mientras la música continúa. Entonces: escuchar música supone, de algún modo, comprender relaciones. De ahí surge una pregunta: ¿en qué sentido podemos afirmar que la música constituye un lenguaje?
No se trata de sostener que la música funcione exactamente como una lengua. Una melodía no posee necesariamente un significado traducible a palabras. Sin embargo, los sonidos tampoco aparecen como acontecimientos aislados. Dentro de una obra establecen relaciones, jerarquías y funciones que permiten reconocer unidades y comprender su articulación en estructuras mayores.
El pequeño ejemplo musical presentado en el vídeo permite observar precisamente este fenómeno. Una agrupación de notas puede percibirse como línea melódica cuando reconocemos su sentido, es decir, hacia dónde se dirigen sus sonidos y qué función desempeñan unos respecto a otros.
La escucha musical es, por tanto, una actividad organizadora. Nuestra percepción selecciona, relaciona y jerarquiza acontecimientos sonoros, construyendo unidades que adquieren sentido dentro de un contexto.
Desde esta perspectiva, hablar de lenguaje musical no significa identificar música y lenguaje verbal. Significa reconocer que la experiencia musical se fundamenta en un sistema de relaciones capaz de generar coherencia, articulación y sentido.
Y quizá ahí se encuentre el punto de partida más sencillo para comprenderlo: no escuchamos solamente sonidos; escuchamos relaciones entre sonidos. Esas relaciones constituyen uno de los fundamentos del lenguaje musical.
Autor: Gabriel Pautasso
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